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Receta de fabes con perdiz y becada

Receta con GARROTE de nuestro compañero Ricardo de la Cruz.

Cuando Ricardo de la Cruz, me pasó la primera foto, con el comentario AL FIN DI CON ELLAS, me emocionó, seguro que no tanto como a él. Pero la emoción, esfuerzo y hechizo que provoca la DAMA, con todos nosotros es adictivo, aun que no haya suerte, pero esta vez, si la hubo, ENHORABUENA compañero. Por esto mismo esta receta de fabes con perdiz y becada nos hace mayor ilusión. Una receta de cuchara con la REINA y con la DAMA del bosque.

Receta de fabes con perdiz y becada

Ingredientes para cuatro personas:

  • Una perdiz  y  una becada, limpias, evisceradas y cortadas en cuartos
  • 500 gr de fabes asturianas
  • Aceite de oliva
  • Una cebolla
  • La parte blanca de dos puerros.
  • 4 o 5 hojas de laurel
  • 5 tomates pelados
  • 2 ñoras frescas
  • 3 o 4 dientes de ajo pelados
  • Unas hebras de azafrán D.O. de la mancha
  • Medio pimiento rojo
  • Un pimiento verde
  • 1 zanahoria
  • Dos ramitas de apio
  • Unas ramas de romero
  • Ajedrea
  • 1 guindilla cayena
  • 4 bolitas de pimienta negra
  • Un vaso de vino

 

Elaboración de la receta en cazuela:

Esta receta de nuestro compañero Ricardo,  se elabora guisando las alubias y las aves por separado, dándoles al final un tiempo de cocción conjunto. El plato es muy sano porque se guisa con verduras y prácticamente nada de grasa, la que aporta la perdiz y la becada, prácticamente anecdótica. Eso sí con un sabor inigualable.
Si queréis un sabor más concentrado, haced el guiso el día anterior, dejándolo un poco más caldoso, y cuando lo vayáis a servir, calentadlo a fuego muy lento.

Comenzamos poniendo el día anterior las fabes a remojo. Un truco si en vuestra zona el agua es dura, con añadir una cucharadita de bicarbonato al agua de remojo  solucionaremos el problema. No hay cosa más desagradable que nos quede la legumbre dura o con la piel dura. En ese mismo momento, dejaremos las aves troceadas macerando en aceite de oliva, romero, ajos y unas hojitas de ajedrea.

Cuando comencemos con la receta lo primero es aromatizar el aceite en que vamos a sellar la perdiz y la becada,  con un par de ajos y un ramillete de romero, una guindilla cayena, un par de ñoras frescas y ajedrea. Cuando estén dorados los ajos, retirarlos junto con el romero. Salpimentamos y sellamos  las aves en el aceite. Reservamos en una fuente para aprovechar los jugos que suelten la perdiz y la becada.

Seguidamente ponemos al fuego la cazuela con las alubias, las hojas de laurel, la cebolla y dos tomates pelados (es opcional, pero el guiso,  queda más rico sin notar las pieles del tomate).

En la misma cacerola también, pochamos la cebolla, los pimientos, la zanahoria, el apio, los ajos y el puerro. Pasados 3-4 minutos incorporar el tomate troceado, las hojas de laurel, los granos de pimienta y las hojas de las hierbas aromáticas.

Pasados 2-3 minutos, incorporamos las hebras de azafrán, ( si tuestas antes las hebras, provechamos su aroma, color y sabor) un poco de sal y añadir el vino, esperamos a que evapore el alcohol y echamos agua o caldo, seguidamente nuestras aves que tenemos reservadas. Dejamos cocer aproximadamente unas dos horas aproximadas, a fuego medio. Como dice su autor, cocina con mucho amor.

Para elaborar las alubias:

Poner en crudo y con agua fría, las alubias, la cebolla, la cabeza de ajos, los pimientos, la zanahoria, la patata y el laurel. Echar un chorro de aceite de oliva.

Dejaremos cocer nuestras alubias sobre una hora y media. en olla normal ( asustando tres veces nuestras alubias) deben estar siempre cubiertas de caldo. si por el contrario utilizamos  una olla rápida, podemos minimizar el tiempo y en 25 o 30 minutos estar nuestras fabes listas.

Tenemos ambas preparaciones terminadas, hora de juntar ambos platos y dejar unos diez minutos a fuego suave, para que se impregnen todos los sabores.

Platazo!!! Ideal para disfrutar en familia, recordando los lances y la dificultad en el campo de dar con la reina (perdiz) y con la dama (becada) Nuestros platos tienen aún más sabor, no solo entre fogones, también en el monte con su dureza y magia.